La semana pasada vendimos la última copia de la poesía reunida Plaza Octogonal (Málaga, colección Ciudad del paraíso, 2007) de Vicente Núñez Casado (1926 – 2002). Como es difícil desprenderse de libros que no sabemos si volveremos a encontrar, hemos decidido proponer la lectura de tres poemas de este autor solitario.

Poeta singular, ínsula extraña dentro de sus contemporáneos (el conocido grupo poético de los años 50 que es también un concierto de disímiles, por cierto, como lo son, entre sí, autores como Jaime Gil de Biedma, Ángel Crespo, José Ángel Valente, Julia Uceda, Antonio Gamoneda, Gabriel Ferrater, Ángel González, José Agustín Goytisolo o Gloria Fuertes, entre otros), fue integrante, desde el año 1954, del grupo cordobés Cántico (fundamentalmente poetas, aunque también pintores, reunidos alrededor de una revista de nombre homónimo).

Para la ocasión, citamos dos líneas del prólogo de Miguel Casado, responsable de la edición de este volumen para la colección Ciudad del paraíso, a propósito de Vicente Núñez: «Mientras la música nos va llevando embelesados de un verso a otro, la melancolía y la tópica del fracaso van puliendo sus episodios; de modo casi imperceptible, Vicente Núñez se permite cada vez menos concesiones, menos tregua, acercándose a un nihilismo, donde habrían de interrumpirse los ciclos renovados de la ilusión: “y entonces me pregunto si merece la pena / que otra vez venga otoño y mueran las acacias” (Los días terrestres), “ahora ha crecido la tristeza, y el campo / es como un brazo seco que me duele y me llama”».

He aquí los tres poemas del poeta de cuya obra se ha dicho que era «un poeta siempre interesante al que dentro de los poemas no es fácil adivinarle el filósofo que llevaba dentro» (Benjamín Prado):

 

Hipérbaton

Todo lo que te quise
desde un rincón del tiempo
sombras son de una rara
tarde que arrasa un vértigo.

Sangran en ellas extáticos
tu hiel, mi amor y el regio
pájaro del crepúsculo
que se inmolaba espléndido.

Qué extraños nos quisimos,
de nuestro amor sabiendo
que, en cualquier parte, un día
lo perderíamos de éstos.

 

Ocaso en Poley

Si la tarde no altera la divina hermosura
de tus oscuros ojos fijos en el declive
de la luz que sucumbe. Si no empaña mi alma
la secreta delicia de tus rocas hundidas.
si nadie nos advierte. Si en nosotros se apaga
toda estéril memoria que amengüe o que diluya
este amor que nos salva más allá de los astros,
no hablemos ya, bien mío. Y arrástrame hacia el hondo
corazón de tus brazos latiendo bajo el cielo.

 

Cementerio marino

La tarde de la cólera,
¡qué triste!
J.R.J.

El cementerio por las ruinas virgen,
aéreo como el plato de un girasol silvestre,
puso la sombra y en tu grano vivo.
Lo que dejó de ser
a un retorno implacable lo obligaron rus ojos:
jamás las verdes madres olas sintiéronse
al fondo del abismo cual murientes praderas.
Nichos de allí, corolas, frutas casi,
ladrillos en la almena de una nube aplacada,
vértigo soy, si presa de unos brazos.
Y así, por colmo, la ruina,
celada a los roquedos, toda altura,
nos encendió la dicha cara al cielo.

 

Vicente Núñez Casado (Aguilar de la Frontera, 1926 – Córdoba, 2002). Premio Nacional de la Crítica (1982). Cursó Derecho en la Universidad de Granada (estudios que no terminó). Poeta vinculado al grupo de poetas del llamado grupo Cántico y miembro de la redacción de la revista Caracola. «Elegía a un amigo muerto» (1954), su primera publicación, guarda una estrecha relación con las «Coplas a la muerte de su padre» (de Jorge Manrique) y el «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» de Lorca. Además de sus libros de aforismos, Sofisma (1994), Entimema (1996), Sorites (2000), y Nuevos sofismas (2001) y de los títulos de ensayo Teoría del acto (1989) y El suicidio de las literaturas (2002), publicó los libros poesía Tres poemas ancestrales (1955), Los días terrestres (1957). Poemas ancestrales (1980), Ocaso en Poley (1982), Cinco epístolas a los Ipagrenses (1984), Teselas para un mosaico (1985), Sonetos como pueblos (1989), Himnos y texto (1989), La cometa (1989), La gorriata (1990) y Rojo y sepia (1987, póstumo, 2007).