Siempre que comparto lecturas, recitales, tertulias y encuentros alrededor de la poesía con la poeta cubana Aleisa Ribalta Guzmán, residente en Suecia desde hace años, su poesía me trae a la memoria lo poco que conozco de la poesía cubana, pero que anida en sus palabras de alguna manera. Lezama Lima, García Marruz, Guillén… No sólo por la dicción, que ya sería mucho decir, sino porque en su escritura palpita un modo de hacer poesía que recuerda su tradición. En su poesía palpita la cubanidad, si es que esto existe. Su manera de leer, su escritura, su charla apasionada cuando un autor le interesa. Es una verdadera golosa de la poesía y por eso intercambiar con ella la lectura de versos propios y ajenos, resulta una extraña tertulia de picaflores de la poesía.

Más allá de esta tautología, lo importante es que la reciente aparición de su segundo poemario, Tablero, publicado por la editorial chilena Verbo(des)nudo, es una verdadera fiesta de la poesía. Y por eso queremos hacernos eco de un texto bello y preciso escrito a propósito de este libro por la poeta habanera Kelly Martínez-Grandal, también poeta del exilio (La Habana, Caracas, Miami, donde actualmente reside).

Esta poeta (Licenciada en Artes y Magister en Literatura Comparada) y editora, que trabaja en la dirección de Funcionarte, una organización sin ánimo de lucro que trabaja contra la violencia de género a través de las artes y la literatura, pone de relieve la «intertextualidad» de Tablero, una de las características más sobresalientes del poemario en el que «se dan cita personajes que se mueven entre la historia y la leyenda, la literatura y el mito. La diosa del Yangtsé, Odiseo y Penélope conviven con los taínos, la madre de [Nicola] Tesla y la mujer del Dr. Bach; un espacio donde lo irreal cobra cuerpo y lo real se diluye. Conviven también con una voz en apariencia autobiográfica pero que, no obstante, podría ser la de cualquiera de nosotros parados frente al amor o el desamparo. Navegando a contracorriente, de costado a su tiempo, Ribalta Guzmán vuelve a la poesía como zona sagrada; como veneración a las posibilidades plásticas de la palabra. También lo sagrado como consagración, es decir, como intento de dotar de significación al mundo. Desde esa significación, funda una cosmogonía propia, con sus claves y secretos particulares (y me temo que, en eso, no puede escapar a su formación como ingeniera. Lo suyo es construir, diseñar, perfeccionar). Su situarse de costado es un acto de valentía, pero, sobre todo, la apuesta por una poesía realmente contemporánea, pues la contemporaneidad —para decirlo con Agamben— es una adhesión algo desfasada y anacrónica con el propio siglo».

Una poesía evocadora, capaz de encontrar en la palabra el origen de las cosas., de la que a continuación transcribimos 3 poemas después del enlace al book tráiler del libro.

libro tablero

País de escamas

Los peces, claro, como iconografía de la riqueza
o de la pobreza, quien sabe.
Un pueblo tan hermético
una extensión titánica
de sí mismos, igual de vasta
la lengua, su sentido telúrico
y visceral, sus agri(cultoricas) terrazas.
Arroz para comer, para mezclar con caldos
suculentos, para curar la fiebre, la malaria,
para acompañar y servir
con peces, claro.
Los peces, a ser posible dorados
cada escama reluciente, saltarina
y el pescador, la red, la sensación
de que o vuelves bien repleto
o completamente sumido
en la derrota…

Pero ya oliendo a mar
y con una que otra escama pegada
a la piel, quién sabe, ya eres
menos pobre.

……..

Un sol para Nikola

En Smiljan una mujer gozaba
fama de ser diestra en la fabricación
de herramientas propias del hogar.

También se dice que la dama era ducha
en el bramado de épicos poemas
y que lo hacía
con la senda
sin igual soltura
con la que fabricaba
un cucharón.

Uno de los cinco nobles vástagos
le nació un día oscuro
sin sol
pleno de rayos
que el bueno de Nikola después
llamaría (por noble) descargas alternas.

Djuka Mandic llegó como pudo al suceso del siglo
malhumorada socorría a la diestra
mientras gritaba de paso
la siniestra: «Vaya día de perros
que te da por alumbrar este hijo
será un heraldo de la desgracia».

«No. Será hijo de la Luz.
De sus manos el Sol
tantas veces pequeño renacerá».
Dijo la madre, que era una iluminada.

…….

Dendroluminia

farola
sueña
con árbol
complejo
Hegel ve
romance
ella da luz
(pura luz ciega)
él sombra fina
(sed de cobijo)
ilumina
encendida rama
desnuda precisa
lumbre
tenue


Aleisa Ribalta (La Habana, 1971). Nacida en Cuba, reside en Suecia desde 1998. Poeta, traductora y coordinadora cultural. Ha publicado Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018), poemario traducido también al catalán en edición bilingüe (bokeh, 2018). Ha participado en las antologías Poesía escrita por mujeres (Verbo(des)nudo, 2018) y Todas las mujeres (de fulanas y menganas) (Fundacionarte, 2018). Coordina el cuaderno digital La Libélula Vaga (www.lalibelulavaga.com), donde se difunde autores de todo el mundo.