¡¡Mira, oh mortal, la gloria de tus campos,
la hermosura rural de tus naciones.
Detente aquí y goza el breve día,
el furtivo desnudo de la tierra.
Sé lo que no se repite
ni ha apelado jamás ante los dioses.
Jorge Gaitán Durán

 

Coronavirus, 5G, teorías de la conspiración… palabras todas ellas de un árbol lingüístico para una ciber-humanidad que asoma sus fauces y por momentos, que nos hace parecer una mediocre parodia de Mad Max, distopía cinematográfica de un futuro que hoy empieza a parecerse demasiado al siglo XXI.
Por momentos el pastiche mediático nos representa una escena edulcorada que nos hace recordar a Bocaccio y a sus personajes confinados al encierro para escapar de la peste bubónica.

El paralelismo que salta a la vista en ambos escenarios, el medieval y el posmoderno, es el resurgimiento y el incremento de la superstición, de la magia (de los innumerables coachs que pululan por nuestras calles y saben vivir nuestra vida mejor que nosotros mismos) y de la marginación o eliminación de las minorías y demás amenazas en contra de una supuesta normalidad.

Sin embargo, esto lo ha dicho mejor, en otro espacio, Slavoj Zizek y por eso es deseable dejar estos pensamientos a la filosofía y a la mirada de la sospecha, porque estas líneas sólo quieren celebrar la vida a pesar de que la palabra muerte quiera rondar por todas partes, así como la palabra amenaza, tal como dice el verso que sirve de epígrafe a estas líneas: « Detente aquí y goza el breve día, / […] / Sé lo que no se repite / ni ha apelado jamás ante los dioses».

Baste por ello el deseo de recordar, con Ángel Crespo y algunos de sus poemas que «sólo arder reconcilia con la muerte». Al fin y al cabo la poesía también tiene el valor de un manotazo sobre la mesa para decir, «basta», o para decir «borrón y cuenta nueva», imaginemos posible otra sociedad, otra vida.

¿Y quién mejor para esto que el poeta fundador de la lírica italiana, Cecco Angiolieri con una de sus rimas más comentadas y conocidas, hasta el punto de haber sido musicalizada por uno de los cantautores más conocidos de la Italia del siglo XX: Fabrizio de André?

 

LXXXVI
[de Rime]

«S’i’ fosse foco, arderei ‘l mondo;
s’i’ fosse vento, lo tempesterei;
s’i’ fosse acqua, i’ l’annegherei;
s’i’ fosse Dio, mandereil’en profondo;

s’i’ fosse papa, sare’ allor giocondo,
ché tutti cristïani imbrigherei;
s’i’ fosse ‘mperator, sa’ che farei?
A tutti mozzarei lo capo a tondo.

S’i’ fosse morte, andarei da mio padre;
s’i’ fosse vita, fuggirei da lui:
similemente farìa da mi’ madre,

S’i’ fosse Cecco, com’i’ sono e fui,
torrei le donne giovani e leggiadre:
e vecchie e laide lasserei altrui.»

LXXXVI
[de Cancionero]

Si fuese fuego, quemaría el mundo;
si fuese viento, lo arrasaría;
si fuese  agua, lo inundaría;
si fuese  Dios, lo enterraría;

si fuese  papa, sería yo cachondo
porque a todos los cristianos los metería en líos;
si fuese  emperador, ¿sabes qué haría?
Les cortaría a todos la cabeza de cuajo.

Si fuese muerte, iría a por mi padre;
si fuese  vida, huiría de él:
lo mismo haría con mi madre.

Si fuese Cecco, como soy y fui,
tomaría las mujeres jóvenes y bellas:
y las viejas y feas dejaría a los demás.

 

 

Palabra de Démeter
(Ángel Crespo)

Sólo arder reconcilia con la muerte
pero sed con el fuego comedidos,
arded en la armonía del instante
y largamente arded: que a vuestra sombra
duración y relámpago iluminen.

En el recuerdo que se niega,
en la imagen que huye,
en la presencia que se esquiva
antes de revelarse
–podría ser yo misma–, en ese pájaro
que cae y cae y nunca toca tierra,
en la tierra que no conoce pasos,
en el agua que no tiene raíces,
en la piedra horadada y transparente,
en los surcos que mueren en la arena,
en la fronda que niega espacio a un grito,
en la pura ocurrencia de un saludo
y en su acogida o su rechazo,
en el rumor antiguo y confidente
que en realidad es el silencio

 

arded –sobre todo a las horas
en que en oscuridad se abre la luz
o ésta florece del ramaje oscuro,
pero sin desdeñar las horas altas
porque, opacas, lo claro, claras llevan,
no como opuesto, su contrario en vilo.

Arded en viva hoguera
pero también en su rescoldo lento
y en sus frías estériles cenizas.

Que un amor pusilánime no aborte
la purificación –ni la impudicia.

 

Pasión de Hermes
(Ángel Crespo)

Únicamente el fuego puede unir
sabiduría e ignorancia
y fundirlas en un nuevo metal
que resista al recuerdo y al olvido:
un imán que igualmente atrae
plenitud y carencia,
hecho de las cuatro estaciones.

Muerte es el fuego a quien lo ignora,
olvido a quien lo teme,
cadena a quien le huye
–y, en cambio, es libertad a quien ofrece
a su brasa y sus lenguas
cuando duda si es
pura sabiduría o su ignorancia.

 

Como dos diosas
(Ángel Crespo)

Cuando las templa el fuego, las palabras
dejan oír los pasos de la muerte
o la perennidad –como dos diosas
de silencio y de canto ataviadas–
y sólo cuando así suelen decir
lo que su desnudez les prohibía
se afinan como acero o cual cristal
de roca –y ya no mueren.

 

Otra forma
(Ángel Crespo)

La muerte es otro fuego.
No: otra forma
de la llama que acosa y nos consume,
una manera diferente
de mostrarnos que lumbre
somos también,
de unir llama con llamas:

hasta que tanta muerte –tanta hoguera–
no deje sitio en tanto mundo alto
y en tanto bajo mundo
para lo que los muertos llaman muerte.

 

Como la mano experta
(Ángel Crespo)

La muerte se anticipa a los deseos:
los trabaja
como la mano experta
del lapidario abre camino
a la luz en la piedra generosa
mientras la va tallando.

Mas aceptar del diestro oculto oficio
esos diamantes entregarse
es a su abrazo: sólo
el capaz de arrojarlos a las llamas
compra el favor del dios
que ignora muerte y vida.

 

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