¿Cabe la poesía en un Black Friday o en descuentos masivos de consumo? Difícil cuestión para la que no tenemos una respuesta seria y meditada, aunque nos inclinamos a pensar que no cabría, dentro de un pensamiento coherente, ni con una manera de pensar con y desde la poesía entendida como la palabra que no quiere comulgar con la banalidad del discurso de moda. La poesía quiere ser escuchada en la medida en que hace de la palabra su instrumento de arte y pensamiento, y en la medida en que le habla al mundo haciendo, precisamente de la palabra, un instrumento a contracorriente de la palabra o las palabras consumidas a diario.

Obviamente una librería de poesía vende libros y hace parte de una cadena de comercio que depende de los TPV, comercializa sus libros con tarjetas de crédito y si alguien paga en contante, tiene que tener monedas y cambio suficiente para devolver a sus clientes, y con ello, hace parte del paradigma de nuestra cultura occidental de «hacer fila y pagar». Sin embargo, el punto está en que el comercio librero de la poesía está más cerca del «consumo responsable», como por ejemplo de las cooperativas eco-solidarias que de las grandes superficies.

Y como en diciembre y en enero, que son las fechas de compartir y dar regalos cabalgan por nuestro calendario, no podemos sustraernos al tema. Es así que nuestra mente está muy atenta a cómo ofrecer algunas facilidades o descuentos a nuestros lectores, sin pecar de mentirosos o banales tragaldabas. Por fortuna, en este punto nos presta auxilio una costumbre islandesa relacionada con el tema que nos ocupa. Se trata de la Jólabókaflód, fiesta que podría traducirse como «Inundación de Libros por Navidad», que caracteriza el fin de año islandés (de noviembre a diciembre), una temporada en la que los islandeses se lanzan a la compra de libros, muchos de los cuales se terminan regalando a amigos y parientes el 24 de diciembre.

Por eso, nuestra recomendación sospechosa  para los meses de diciembre 2019 y enero de 2020, consiste en ofertar los libros de la  desaparecida La Poesía señor hidalgo, una editorial de poesía  de la que tenemos títulos como Fuentes del viento, de Pierre Reverdy (15,00€), Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad, de Yehuda Amijai (16,00€) o Versos nuevos/Los ultimos barcos, de Endre Ady (19,00). Títulos, todos estos y los demás de la misma editorial, que lanzamos a mitad de precio hasta agotar las existencias de Animal Sospechoso. Tomad nota de esto y, por el momento, disfrutad de tres de estos autores de quienes compartimos un poema de cada uno de ellos: Pierre Reverdy, Endre Ady y Yehuda Amijai.

 

Pierre Reverdy nació en Narbona (Francia), en 1889, en el seno de una familia de esculto­res en piedra para iglesias, se crió al pie de las canteras de la Montagne Noir. Estudia en su ciudad natal y Tolosa. Pronto se apasiona por Balzac y Rimbaud. En 1910 instalado en en Montmatre (Paris) se entrega a la más dura bohemia y se relacio­na con Picasso, Braque, Matisse, Juan Gris y los poetas Max Jacob y Apollinaire. Trabaja como corrector de imprenta, lo que le permi­te publicar sus obras; y la amistad con estos grandes artistas, editarlas de manera ilustra­da. En 1917 crea la revista Nord-Sud. Conoce a Aragon, Breton, Eluard, Tzara… está inmer­so en el fragor del cubismo, surrealismo, dada­ísmo. En 1925 el filósofo Jacques Maritain le descubre nuevas perspectivas. En 1926 (por un «llamado de la piedad católica») se reti­ra –hasta el día de su muerte, en 1960– con su mujer a Solesmes  al lado de la aba­día. La dureza de la piedra; su preparación, liber­tad y exigencia literaria; las imágenes pictóri­cas; la profundidad y la introspección religio­sa conforman su poética.

 

 


El vientre sordo

(Pierre Reverdy)

El hambre agita su conquista
En la sima afilada
El hombre que pierde la cabeza
El globo suspendido
La hora vibra en los barrios
Donde todos los cristales retumban
Los rayos se han desplegado
Y las ruedas se abandonan
Un gran reflejo gris se pasea
tranquilo al lado de la torre
La sombra en cemento armado
En el aire hueco del patio
Ella se desliza y se asoma al balcón
Contra el vidrio en el ojo que derrama su espanto
Y el niño se maravilla
Y la coge con sus dedos
Sobre el seto la atmósfera se reseca
Plisada en los bucles del sol
Y contra la muralla
el vértice del encuentro
cierra la puerta del sueño

Le Ventre sourd
(Pierre Reverdy)

La faim bat sa conquête
Dans le gouffre pointu
L’homme qui perd la tête
Le globe suspendu
L’heure vibre dans les quartiers
Où toutes les vitres résonnent
Les rayons se sont dépliés
Et les roues s’abandonnent
Un rand reflet gris se promène
tranquille à côté de la tour
L’ombre en ciment armé
Dans l’air creux de la cour
Elle coule et se penche au balcon
Contre le verre à l’oeil qui verse son effroi
Et l’enfant s’émerveille
Et la prend dans ses doigts
Sur la haie l’atmosphère sèche
Plissée aux boucles du soleil
Et contre le rempart
l’angle du tête à tête
ferme la porte du sommeil

 

Endre Ady (Érmindszent, 1877 – Budapest,1919) ) es el creador de la moderna litera­tura húngara y uno de los más grandes poetas europeos del siglo XX. En este tomo incluimos su primer libro, Versos nuevos (1906), que su­puso el aldabonazo que produjo el cambio, y Los últimos barcos (póstumo, 1923), originalí­simo en su escritura. Nacido en 1877 en Érdmindszent (hoy Ru­manía), Ady era un hidalgo rural. Estudió dere­cho, fue corresponsal de prensa en París, viajó por Italia. Sufrió amores por Leda (Adele Brull), su musa y amante. Hombre contradictorio, aris­tocratizante, tímido, pacifista, agresivo, jugador, individualista, políticamente se situó a la izquier­da, aunque no se identificó con los comunistas que pretendieron utilizarlo. En 1911 se casa con Berta Boncza, joven y adinerada, y se retira al campo. Murió en 1919 en Budapest de pulmo­nía, sífilis, alcoholismo, nicotina y tedium vitae. Influido por Marx y Darwin, su obra tuvo una vertiente política en un momento clave por las tensiones en el Imperio Austro-Húngaro. Colaboró en la revista Nyugat (Occidente), centro de la vida cultural, que representaba la modernidad a la occidental, sin tener demasiada influencia en Europa.

 

El a faluból
(Endre Ady)

A kis harang a régi,
Mely belezúg a csöndbe,
A szürkeség a régi,
Fölévirít a tavasz.

Minden, minden a régi,
De én hol élek, járok?
Nem voltam ilyen messze,
Nem voltam soha, soha.

Belehalok, ha mondják,
Hogy én itt szálltam útra,
Megtagadom a csókot,
Amely útra indított.

Én a bolondos zajnak,
Én a cifra Városnak
Vagyok a kóbor lelke,
Ne gyalázz meg hát, falu.

Oh, kapj fel innen, Város,
Ragadj el innen, Város:
Kik messze kiröpültek,
Sohse térjenek haza.

Lejos de la aldea
(Endre Ady)

Vieja, pequeña campana,
que repica en el silencio,
viejo grisor,
y florece la primavera.

¿Todo, todo lo antañón,
y yo, dónde vivo, ando?
Jamás he estado tan lejos,
no, nunca, jamás he estado.

De eso muero, y si alguien dice
que yo el vuelo he levantado,
del beso, cierto, reniego
que se desbocó al camino.

Yo, cual fantástico estrépito,
cual fuego fatuo en la urbe,
ánima errante soy,
no me calumnies, aldea.

Sácame, ciudad, de aquí,
ciudad, secuéstrame ya,
quienes lejos lanzáronse al viento
nunca vuelvan a su tierra.

 

La poesía de Yehuda Amijai (Würzburg, 3 de mayo de 1924 – Jerusalén 22 de septiembre de 2000) sana las grandes heridas abiertas que produjeron las circunstancias extremas que le tocó vivir. Efectivamente, nació en Würzburg (Alemania) en 1924, aunque en 1935 emigró a Israel. Participó en la Segunda Guerra Mundial en el ejército inglés (donde conoció las obras de Eliot, Auden, Dylan Thomas) y en la guerra de Independencia (1948). La continua situación de conflicto que vivió Amijai, hizo que reaccionara y que superara la poesía patriótica, nacionalista y realista que se hacía en aquel momento (Generación del Palmaj), para hacer una poesía de la cotidianeidad, en la que se habla de la calle, mercados, camiones… sin olvidar la muerte, que siempre acechaba cerca, o el agua, el grito y el silencio. Este sentido de la literatura encuadra a Amijai en la Generación del Estado, de la que fue avanzadilla. Perseguidor de la felicidad alcanzable, Amijai, con la entereza de un médico, toca donde duele con la visión tolerante y la distancia de la poesía. Es capaz de dialogar y sentir amor cuando otros tienen la piedra y el fusil en la mano. Por esta personalidad terapéutica, se considera a su poesía «la religión de los no religiosos», una poesía que sedujo a Raquel García Lozano, traductora de Detrás de todo esto se oculta una gran felicidad (1973) y una de las mayores especialistas del mundo hispano en literatura hebrea contemporánea. Raquel visitó al poeta y le expuso su idea de traducir este libro. Amijai la animó a entrar en su obra sin miedo y con libertad. Precisamente por esto, se ha traducido con el respeto y la fidelidad que merece.

 

 

Poema después del amor
(Yehuda Amijai)

Después elegir como un perro el hueso
al que nos dedicaremos hasta el fin de nuestra vida más allá
del deseo de morder y lamer.
dejarlo y cogerlo de nuevo con aparente alegría
hasta que la mano vuelva a arrojarlo a lo lejos.
Y el hueso, eco.