De melancolía sabia y sin énfasis, Levedad en la piedra es un libro de contemplaciones. Capta dones y destellos de la naturaleza, asume el fluir del río omnipresente y acoge sutilmente a seres, a personajes marginados, a la mujer que «al borde de la rotonda vendía amapolas, arándanos, racimos de uva parra». También, amorosamente, a los autores que comparecen de forma directa o indirecta en su poética: Vallejo, Tsvietáieva, Dickinson, L. M. Panero, los poetas ingleses, los pintores Hopper o Gauguin.

La mirada de Cristina Grisolía se detiene en lo concreto y palpable y traslada lo físico al pensamiento. ¿Y qué es lo que emerge ante esa contemplación íntegra y precisa? La imagen. La imagen esencial como una forma elemental de resistencia que se contrapone a la «historia organizada en equilibrio». Se trata de una concepción poética insobornable, que observa cómo el fulgor está moteado de grises, cómo a las ensoñaciones se suma el «calendario oportunista del mercado». Su serenidad y precisión genera sabiduría y permite sentenciar: «Para matar fantasmas no es necesaria la verdad / sólo poder llorar cuando te hieren».

 

Olvidado el aprendizaje
a la vejez
administro mis monedas con indulgencia:
donde el diablo me tienta
Dios me perdona.

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Niña sola en la ciudad

Detrás de un árbol jugaba al azar,
perdía la cuenta del color del aire
se demoraba distraída,
esperaba la lluvia para esperar el arcoíris.
El árbol era viejo, urbano, polvoriento.
Tocar el tronco, desprender la corteza.

Trozos trocitos
hacer del árbol pan y del pan migas
ser pájaro y mojarse
después el arcoiris

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Privilegio del llanto

Por Leopoldo María Panero

No es necesaria la verdad
no es pan de cada día ni hambre de cada noche
no allana el dolor ni resquebraja muros.
Porque la muerte es lo contrario al llanto, dijo o escribió
y supo.
Para matar fantasmas no es necesaria la verdad
sólo poder llorar cuando te hieren.

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Pantano

Inmenso tiempo
asomado en los resquicios de las cosas,
cosas, sí, las cosas duraderas.
más allá de las manos
teñidas por la borrosidad nocturna
y el mutismo de la contemplación.

Inmenso tiempo,
me arrastra y me arrincona
entre los juncos apretados
que inmovilizan la corriente del río.

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Creación

En la terraza al sol
amigo mío
después de muchos años
descansa la piel acumulada superpuesta.
Es decir
hay debajo.
Aún las palabras
en la terraza al sol se dejan ver.
Sin sombra vienen como rapaces altas
silencio transparente son por fin
son giros armoniosos y sabemos
no llegarán a tierra no tocaran mendrugos.
El horizonte curva toda esperanza de reencuentro,
sin embargo
la vista sigue el vuelo y la piel hace nido.

 

 


Cristina Grisolía (Rosario, 1946). Cofundadora de la revista Cronopio, estuvo vinculada a El Escarabajo de Oro. Publicó relatos y poemas en Cuadernos Hispanoamericanos; en Nueva Estafeta, dirigida por entonces por el poeta Luis Rosales; en Nayagua, publicación del Centro de Poesía José Hierro. Traducida al italiano y al húngaro, participó en encuentros internacionales de Faenza y de Budapest. En antologías poéticas: Des de la terra (Diputación de Barcelona), Àgora poètica (Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison), Vint anys de poesia (Cafè Central), Entre nosotras el mar (Ediciones Vigía, Matanzas, Cuba). Colaboró en Los Borbones en Pelota (Olifante Ibérico). El montaje escénico Material diáfano, a cargo del guitarrista José Luis Bieito y del actor Camilo García, está basado en sus poemas. El Centro de Arte Moderno de Madrid acogió en estos últimos años lecturas y presentaciones de sus poemas.
En solitario publicó: Poemas de perfil (Cafè Central, 1995); Donde el progreso no existe y gozo (El Cep i la Nansa, 2004); Galope y canto (Papeles de Trasmoz, Olifante, 2014) y Levedad en la piedra (Olifante Ediciones de Poesía, 2019).