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Tal vez, en América Latina, Rubén Darío es un punto de partida para hablar de una «tradición» de nocturnos. Recordemos que este poeta nicaragüense escribió 3 poemas titulados, precisamente, «Nocturno». Dos de estos «Nocturnos»  pertenecen al libro Cantos de vida y esperanza (1905), y el tercero de ellos al libro El canto errante (1907).

Dentro de la tradición de los nocturnos, en la poesía colombiana existen tres ejemplos que un lector medio, interesado en la poesía, no debería ignorar: José Asunción Silva (1865 – 1896), Fernando Charry Lara (1920 – 2004) y Álvaro Mutis (1923-2013). Se trata de poemas libres que permiten una ambigüedad entre la ensoñación y la vigilia y que, al menos en el caso de Silva, alternar el sueño y la muerte en un juego de evocaciones y sublimación del deseo.

Al igual que Rubén Darío, Silva, también modernista, cuenta con 3 poemas que llevan por título « Nocturno» y que, tradicionalmente, las diferentes ediciones de su obra han dado en titular como «Nocturno I», «Nocturno II» y «Nocturno III», el último de los cuales es el más conocido y citado de este poeta [Una noche / una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas]. Por ello, para la ocasión, queremos citar el menos conocido de los tres, que no sólo no desmerece, sino que puede darnos incluso claves de lectura para los otros dos nocturnos.

Nocturno I
(José Asunción Silva)

A veces, cuando en alta noche tranquila,
sobre las teclas vuela tu mano blanca,
como una mariposa sobre una lila
y al teclado sonoro notas arranca,
cruzando del espacio la negra sombra
filtran por la ventana rayos de luna,
que trazan luces largas sobre la alfombra,
y en alas de las notas a otros lugares,
vuelan mis pensamientos, cruzan los mares,
y en gótico castillo donde en las piedras
musgosas por los siglos, crecen las yedras,
puestos de codos ambos en tu ventana
miramos en las sombras morir el día
y subir de los valles la noche umbría
y soy tu paje rubio, mi castellana,
y cuando en los espacios la noche cierra,
el fuego de tu estancia los muebles dora,
y los dos nos miramos y sonreímos
mientras que el viento afuera suspira y llora!

¡Cómo tendéis las alas, ensueños vanos,
cuando sobre las teclas vuelan sus manos!

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Jardín nocturno
(Fernando Charry Lara)

La mancha del cielo azul, sombras de árboles, sombras de nubes,
y alrededor muros, ruinas, piedras que en el silencio
son frío, si la mano, si el pensamiento las roza.
De noche, retraído y apasionado,
contemplar desde allí lo lejano.
Olvidado de sí, hambriento del mundo,
vagar entre luces, ciudades, veranos. Mas luego como
cuando uno, sin saberlo,
extiende por mares su corazón
y regresa al solo sitio en que sueña:
ha pasado
el tiempo, y sin embargo
está el fulgor lunar sobre la vida. Así ilumina,
así entristece viril
al hombre la soledad de su delirio.

[De Los adioses, 1963]

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Nocturno
(Álvaro Mutis)

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el cinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

[De Los trabajos perdidos]