Rubaiyat, canciones para beber: Pessoa

 

Como los hierros golpeados en las fraguas
al alma abaten los dolores y las penas.
Bebe, mirando con la mirada de un muerto
la somnolienta edad de las aguas.

(Fernando Pessoa)

 

Esta delicada cuarteta, tomada del libro bilingüe «Rubaiyat. Canciones para beber» del poeta lisboeta Fernando Pessoa (1888 -1935), publicado por Ediciones El Gallo de Oro, parece escrita en clave opuesta al vive hoy latino, o al romántico «vive hoy como como si no hubiera mañana», y, sin embargo, tiene un deje de esperanza críptica que nos llena de lirismo.

De hecho, en su prólogo Beñat Arginzoniz (el traductor y antólogo de las cuartetas de Pessoa), cifra la clave del libro en una actitud de «bebe y olvida», que se impone sobre un hipotético «goza y sé feliz», en un intento de Fernando Pessoa por apropiarse «más del aforismo lapidario de la desilusión y del fatalismo del poeta persa» en quien se inspiró Pessoa. Porque este libro del poeta portugués está inspirado en el «Rubayat» del poeta persa Omar Khayyam (alrededor del siglo XI) nacido el mes de mayo, en Irán.

Se sabe que Pessoa conoció al menos dos traducciones al inglés, una de las cuales cuenta aún con el prestigio y la admiración hoy en día: la versión en rima del escritor, traductor e hispanista inglés Edward Fitzgerald (1809 – 1883). La versión que comentamos, publicada en 2015, en Bilbao, consiste en una selección de 126 de los 182 poemas o cuartetas del original persa conocidos por Pessoa que el traductor considera las más legibles y acabadas del original portugués.

Sin embargo, lo importante hoy, en estas líneas, es compartir con nuestros lectores la alegría que se desprende de estas cuartetas escritas por Fernando Pessoa, que, a pesar de estar escritas desde una visión pesimista, logra llenarnos de júbilo y ganas de vivir. Porque no siempre evadirse es negar aquello del o que uno se evade, sino, sobre todo, desde la magia de la poesía, celebrar al menos el aquí y el ahora del poema. Ya con esta breve celebración podemos contribuir con una pequeña dosis de sabiduría cotidiana. Bien lo dice Arginzoniz en su prólogo: «Esta visión pesimista no supone un impedimento para gozar de la vida», porque «su efecto es extrañamente consolador» que «nos hace ser más conscientes de lo que brilla como la arena en nuestras manos».

Así que bebe y olvida, querido lector, que la vida es breve y la mañana muy corta como para perdernos de una mañana de sol…

 

Dame vino, que el vino, dicen, con placer
alegra el corazón y en perfecya fe puede traer
la sangre de un Dios al cuerpo y al alma.
Pero, sea como sea, bebe y no quieras ser.

(Fernando Pessoa)