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Si algo destaca en esta poeta es su impulso por la búsqueda profunda de los lugares. Verónica no viaja por moverse, pues su afán no es el trayecto. Parece que su objetivo es pasar tiempo en los lugares, impregnarse de ellos y devolvérnoslos de forma personal, hechos poesía, en la esencia que ha captado a través de su mirada.

Lo más importante de un poeta son los ojos con los que mira y el filtro que le pone a esa realidad. En su caso es una mirada a través de unos ojos tímidos pero despiertos, muy lúcidos y valientes, porque en su caso, para ser poeta y viajera hay que ser valiente.

Verónica (Madrid 1982) es, además de viajera, traductora. Tiene un blog llamado Poesía nómada y dirige una colección de poesía hispanoamericana en la editorial Polibea. Ha publicado varios libros:

Poeta en India, Tatuaje, Alfama, Postal de olvido, Cortes de luz, Senda de sauces, Café Hafa, Lluvias Continuas. Ciento un haikus, Otoño en Tánger y Épica de raíles. Algunos de ellos fueron galardonados, como éste, que obtuvo el premio Ciudad de Salamanca.

Todos ellos con el lugar como punto de salida a su inspiración: Italia, Bélgica, Portugal, India

SONIA RICO: Verónica, da la impresión, al ver tu trayectoria, que son los lugares los que te inspiran a escribir versos ¿es así?

Verónica Aranda: Así es. El viaje es el gran motor que impulsa mi escritura. Decía Rudyard Kipling que «entre los dones de la tierra hay pocos placeres comparables a la alegría de entrar en contacto con un nuevo país». Mi poética intenta captar esas emociones, cuando nos sumergimos en mundos nuevos y se avivan los sentidos, y propone un viaje que participa de lo introspectivo y de lo físico.

S.R.: ¿Sientes ese impulso estando en ellos o una vez pasada la experiencia?

V.A.: Siento el impulso estando en ellos y la necesidad de hacer una inmersión en esa nueva cultura, de detenerme un tiempo allí como viajera, no como turista, y tomarle el pulso a la ciudad, interiorizar sus mapas, sus sonidos y aromas, dejar que a través del asombro llegue la revelación. Tomo muchas notas en cuadernos de bitácora. Y, también de regreso, se renueva el impulso de escribir, esta vez desde la perspectiva del recuerdo, de revisar lo vivido y lo escrito, para ordenar todo lo interiorizado en ese paréntesis existencial que es el viaje, tan propicio a la reflexión y a las sensaciones, del que regreso siendo otra.

S.R.: ¿Eliges los destinos o ellos te eligen a ti?

V.A.: Muchos los he elegido yo y me ha gustado residir en ellos y profundizar en su cultura, como es el caso de Portugal, Marruecos o la India. Y ha sido un reto escribir sobre ellos tratando de huir del tópico y de la estampa pintoresca. Otros destinos me han elegido a mí, a veces a través de invitaciones a festivales y fue también muy enriquecedor visitarlos y profundizar, por ejemplo, en su literatura, poder hablar con los locales, conocer sus costumbres, su forma de pensar, su gastronomía.

S.R.: Para ti, los lugares en los que has estado parecen haber sido mucho más que lugares de paso, ¿qué te llevas y qué dejas en cada lugar?

V.A.: Me llevo conocimiento, lenguas, atmósferas, instantes eternizados por el recuerdo, retazos de conversaciones, noches de fado, largos paseos, experiencias intensas que no hubiera podido vivir en mi ciudad. Dejo buenos amigos con los que he compartido mucho y queda también una pequeña parte de mí o una etapa vital.

S.R.: ¿Sientes que la finalidad del viaje es la escritura?

V.A.: En parte sí. Me identifico son Sophia de Mello Breyner, una de mis poetas de cabecera, cuando dice «digo para ver», pues el viaje alumbra las palabras y viceversa. Aunque no solo viajo para escribir. La trashumancia es un aprendizaje en todos los sentidos y te permite vivir muchas más vidas y buscar el canto y la metafísica de cada lugar, que siempre es diferente.

S.R.:¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Guardas los poemas y los relees al cabo de un tiempo? ¿Los revisas varias veces?

V.A.: Trabajo fragmentariamente, vuelvo a las anotaciones de los cuadernos de bitácora, tomadas muchas veces a vuela pluma en los viajes, y después corrijo y pulo mucho. Me gusta cincelar los poemas, borrar versos y estrofas innecesarios para acabar dejando lo imprescindible y buscar la esencia de lo nombrado. También considero fundamental dejar reposar los poemas, para volver a ellos más en frío, con una mirada más autocrítica a la hora de hacer la corrección final.

S.R.: ¿Cómo escoges los poemas que van a formar parte de un libro?

V.A.: Cuando tengo ya una serie de poemas veo si tienen coherencia juntos, si hay un tema unitario o algún nexo, espacio o cosmogonía que trace el camino de un poemario unitario, o de una sección de un libro. Al escribir mucho sobre viajes o desde el viaje, los espacios y geografías suelen ser mi brújula a la hora de armar el libro.

S.R.: ¿Cómo es la labor de dirigir una colección editorial? Escoges los autores, poemas, cuéntanos como es ese trabajo. ¿Cuál es la principal dificultad?

V.A.: Dirijo una pequeña colección de poesía latinoamericana actual («Toda la noche se oyeron») en la editorial Polibea, y es una labor apasionante. Me gusta mucho la investigación. Cuando viajo, visito librerías, hablo con escritores para que me recomienden poetas imprescindibles de su país; en los festivales de poesía me regalan e intercambio muchos libros, y tras ese proceso de lecturas y búsqueda, me gusta escoger a los autores o preparar antologías poetas actuales de países cuya poesía no se conoce tanto en España y que pueden suscitar interés entre los lectores. También hay propuestas muy interesantes que nos llegan y manuscritos valiosos, que vemos necesario editar, o libros descatalogados en sus países de origen, que nos apetece rescatar. La principal dificultad es la difusión y la distribución.

S.R.: ¿Piensas que por ser mujer has encontrado en tu camino poético como autora o en tus viajes alguna dificultad que un hombre no hubiera encontrado?

V.A.: No he encontrado dificultad ni como autora ni en los viajes. Bien es verdad, que nada me ha frenado nunca a la hora de viajar, no me falta determinación, sobre todo cuando tengo rutas en mente o destinos planificados. Viajar sola por Irán, India o Marruecos me ha ayudado a crecer como poeta y como ser humano, y han sido experiencias vitales tan enriquecedoras como curtidoras. Las dificultades puntales que encontré, las fui solucionando sobre la marcha.

S.R.: ¿Crees que se puede aprender a ser poeta?

V.A.: Creo más en los talleres de narrativa que en los de poesía, que es un género que considero más difícil de impartir. Se puede enseñar métrica, figuras retóricas, etc., pero escribir un poema es un proceso tan interior y metafísico, que tiene más de filosofía de vida que de técnica aprendida. Creo que lo más fructífero para ser poeta es leer mucha poesía universal, de todas las épocas y tener una mirada muy atenta hacia el mundo y hacia los pequeños detalles.

S.R.: ¿Qué próximos destinos tienes en mente?

V.A.: Dos islas que amo. Regreso ahora a Cuba, a la Feria del libro de La Habana, que es un evento impresionante por la gran efervescencia cultural que tiene la isla. Y de ahí viajaré a Puerto Rico, a presentar mi primer poemario de poesía infantil, Islas Galápagos, que está a punto de salir en la editorial Aguadulce.

S.R.: ¿Cómo ves el panorama poético actual? Parece que con Instagram y algunas propuestas novedosas está resurgiendo.

V.A.: La poesía no es un fenómeno de masas, nunca lo ha sido, pero tiene lectores muy fieles. El mundo digital y las redes social ayudan, sin duda, y difundir los poemas a gran escala, en comparación con las publicaciones en papel y tienen también la ventaja de llegar a usuarios de redes que no se habían acercado antes a la poesía.

S.R.: ¿A qué poeta debemos leer ser sí o sí?

V.A.: A Ida Vitale, último premio Cervantes.

S.R.: Regálanos un verso que estés cocinando…

V.A.: «Llega un humo lejano como si alguien pronunciara la palabra Alepo».


 

Observaciones desde el puerto

Aquí el lenguaje no es una pecera.
En esta isla de locos
comen carne de cabra
y juegan al backgammon
por no palpar escamas.

También los adivinos
bucean con los ojos muy abiertos,
en esa cala donde los suicidas,
bajo la luna nueva,
masticarán crustáceos
con tal de conjurar
cosmogonías.

 

[Dibujar una isla]

 

IX

La voluptuosidad de un mediodía
de agua y barro mojado y de grosellas
que tiñen nuestros cuerpos de granate,
en esa luz de ardor en que ocupamos
la terraza elevada de la playa
que mira hacia el Estrecho y que aparece
la tranquila cubierta de un navío
a punto de zarpar a las Antillas.

 

[Tatuaje]

Café Colón

 
Por el Zoco del trigo
no te veré pasar a mediodía.
Estamos hechos de nocturnidad,
pero irrumpe la luz y nos delata
frente a las cristaleras de un cine abandonado.
La luz que no propicia un idioma común.

Me sentaré a esperar sin más pretexto
que este café de ociosos taciturnos
y tableros ajados de parchís.

En una mesa frente al carromato
de los panes de sémola
será este desencuentro
un aroma ambulante.

 

[Café Hafa]