La habitación sin barrer

21,00

01-10-2019

Asaraton, piso sin barrer. Asaratos oikos, habitacin sin barrer. Las palabras son griegas, pero nombran a un estilo de mosaico romano que se usaba para decorar el comedor. Restos de comida tirados en el piso representados con el orden meticuloso del artista que pega una por una las minúsculas teselas de colores: huesos de pescado, caracoles, cabezas de langostino, carozos de fruta, cascaras de nuez y hasta algún ratón en medio de las sobras del festín. La tradición de dejar los restos de comida en el piso hasta el final de la fiesta como una manera de honrar a los espíritus de los muertos que se hubieran irritado si alguien barra antes de tiempo. O tal vez sea al mismo tiempo un memento mori, para que no olvidemos que nosotros, que también disfrutamos del festín, vamos a morir. Los poemas de Sharon Olds honran la vida y la muerte a través de los detalles que capta con su mirada de riparógrafa, de arquera que clava las palabras en el blanco con dulzura implacable.

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Descripción

DOMINGO A LA NOCHE

Cuando la familia iba a un restorán,
mi padre metía la mano por debajo de la falda
de una camarera si podía – la mano, la muñeca,
el antebrazo. De repente. No podías verle
el codo, sólo la parte de arriba del brazo.
Los dientes mojados, el blanco de los ojos
mojado, un hombre con un muñón de brazo,
como si hubiera llegado detrás de la noche.
Era siempre el brazo derecho, no era en
broma. En los lugares donde ya habíamos estado
nadie nos quería atender, a menos que hubiera una mujer joven
desprevenida, y yo nunca la prevenía.
Wooop! Avanzaba él, como si estuviéramos
divirtiéndonos juntos. A veces, ahora,
lo recuerdo como si hubiera tenido el
brazo adentro hasta el hombro, el brazo
hasta el fondo de la madre, él se reía con lágrimas
en los ojos, como si llorara de alivio.
Su otro brazo sobre la mesa–
le gustaba dejarlo inmóvil, para
que la broma fuese mejor, un ventrílocuo
con el brazo metido en el muñeco, su propio chillido
saliendo de la boca de ella. Me hubiera gustado clavarle
un tenedor en el brazo, hundir los dientes
hasta el fondo, oír el quejido de los músculos,
el derrape contra el hueso. Quizás
haya conocido, después, a alguien relacionado
con alguna de las mujeres del True Blue
o del Hick’ry Pit. A veces
me imagino volviendo a las faldas
de las mujeres que lastimó mi padre, a esas campanas del
anochecer, a esos bosques bajo la carpa.
Quiero barrer, ordenar, apilar–
que sea que pueda hacer, limpiar el establo
de la mente de mi padre. Quizás desensuciar
el mío, llegar a ver el cuerpo entero
como algo inocente y precioso. Quiero trabajar
los pecados de mi padre y los míos, pararme
bajo el cielo nocturno con el resplandor de
la luna llena, sabiendo que estoy bajo la bóveda
de una mujer que me perdona.

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