Fuentes del viento

Autor: Pierre Reverdy
Editorial: La poesía, Señor Hidalgo
Pierre Reverdy se instaló en 1910 en Montmatre, París, donde entró en el mundo bohemio y vanguardista de aquel entonces y conoció a todos sus protagonistas: Picasso, Braque, Matisse, Juan Gris, Max Jacob, Apollinaire, Aragon, Breton, Eluard, Tzara… inventó con ellos el cubismo, el surrealismo, el dadaísmo… En 1926 sufrió una crisis religiosa y se retiró a vivir al pie de la abadía de Solesmes.

Sangre áspera
(Pierre Reverdy)

Los postigos del poniente
batidos por el viento
 remolcador de hojas y plumas
Las perlas de levante que se transforman en almendras
Los ojos taladrados por los rayos ardientes
A través de la espesura turbia de las tinieblas
La copa de los bosques donde entra lo rosado
Las landas desgarradas por el recorrido de los trenes
La agonía del día que se eterniza
Esta tristeza que corta el camino
Sin una palabra
Sin un movimiento
En el centro del mundo
Sino la soledad
Y en la nada.


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ISBN: 9788495976352 Categoría:

Descripción

Fuentes del viento
Título original en francés: Sources du vent
Edición bilingüe
Traducción de Guillermo F. Rojano
288 págs. 22,5 x 14,0 cm

Esto dijo el surrealista André Breton sobre Pierre Reverdy (1889 – 1960) en una entrevista con André Parinaud en 1932: “Esta forma de decir no ha perdido para mí su encanto. Inmediatamente me reintroduce en el corazón de esta magia verbal que, para nosotros, era el dominio donde Reverdy actuaba. Sólo Aloysius Bertrand y Rimbaud habían avanzado tan lejos en esta vía. Por mi parte, amaba y amo todavía —sí, de amor— esta poesía practicada en largos cortes en los que nimba la vida cotidiana, este halo de aprehensiones e indicios que flotan alrededor de nuestras impresiones y de nuestros actos. Cortaba dentro como al azar. El ritmo que había creado era aparentemente sólo un instrumento. Pero esta herramienta no lo traicionaba nunca, era maravilloso. Reverdy era mucho más teórico que Apollinaire: incluso hubiera sido un maestro ideal si hubiera sido menos apasionado en la discusión, si hubiera estado más preocupado por los argumentos que se le oponían, pero es verdad que esta pasión formaba parte de su encanto. Nadie ha reflexionado mejor y nadie supo hacer reflexionar sobre los medios profundos de la poesía. Nada debía, en consecuencia, tener más importancia que sus tesis sobre la imagen poética. No hay tampoco nadie que, ante la larga ingratitud de la suerte, haya demostrado un desapego más ejemplar.”

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