¿Dónde está el niño que yo fui? Poemas para leer en la escuela

7,00

Madrid, 2010
176 páginas

El presente volumen está configurado por una antología de 50 poemas fechados entre los siglos XV y XX que, en unos casos, fueron escritos por sus autores pensando en los lectores infantiles, aunque, en otros, los compusieron para un lector universal sin límite de edad. Su objetivo es acercar la poesía a al lector, especialmente a los jóvenes, para que aprendan a apreciarla y para que puedan percibir que se trata de algo útil, porque hacer ver las cosas de una manera diferente, educa la sensibilidad y desarrolla el espíritu crítico. Los poemas, que se acompañan de un amplio aparato de notas de orden léxico y de orientación a la lectura, están precedidos de una completa introducción sobre el marco histórico y literario en el que fueron escritos los poemas, así como sobre el significado de la literatura infantil a lo largo de la historia. El volumen se completa con un variado conjunto de actividades dirigidos a facilitar al lector la comprensión de los textos, repasar cuestiones lingüísticas y literarias, y fomentar un mayor conocimiento de la técnica del comentario de textos.

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Descripción

33
Miguel Hernández
NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelto tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

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