Un buen lector de poesía no puede leer cualquier texto, sea del género que sea, sin recordar algún poema que el texto en cuestión le despierta. En algún lugar ese o esos poemas están ahí, al acecho, para saltar a la memoria con su cantilena a llenar la imaginación.

Por eso, en su presentación de su libro de ensayo Cartas a una joven feminista en la Biblioteca Francesca Bonnemaison de Barcelona, la poeta Alma Karla Sandoval nos hace venir a la cabeza al poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, al afirmar que la fortaleza del sistema patriarcal radica en la tácita alianza entre el poder del Estado y el control de la pareja. Esta idea encuentra un eco fortísimo en el diario del poeta colombiano, pues en una de sus entradas más agudas escribe: «En ciertos momentos privilegiados el rayo erótico pulveriza las múltiples resistencias materiales del cuerpo, aniquila el infierno social ─patria o clase─ donde moramos, desgarra las tinieblas con que palabras y gestos de cólera o sospecha, celos o fastidio, han separado a dos seres que se aman ─o al menos han introducido en su vida común, harto frágil,  perspectiva  de  separación. El amante va ya a perder a la amada, por un motivo baladí o que así lo parece, cuando el deseo se enciende y los despoja del “ser individual”, para lanzarlos a un abrazo trémulo, a una nube de olvido que significa retorno al Ser o a la Unidad». El cuerpo erótico y la mirada poética son, pues, dos caminos de liberación y de lucha contra la alienación.

De hecho, no recuerdo con precisión si es en el Diario, o en sus escritos sobre Sade, en donde Gaitán Durán observa cómo las Revoluciones y los totalitarismos lo primero que e intentan administrar y pasar por el tamiz de la burocracia son las relaciones de pareja, a la vez que prohibir y perseguir la homosexualidad. En tales contextos, el erotismo –y la poesía, para el poeta, pues ambos, poema y erotismo, son las dos caras de una misma moneda– levanta sospechas, porque al introducir la duración, la continuidad entre los amantes, logran hacer grumos de discontinuidad al interno de la pretendida nueva moral colectiva, revolucionaria, que pretende fundar el nuevo ser humano.

Poeta allegado al existencialismo, en particular a Maurice Merleau-Ponty (de quien siguió algún curso en París), de percepción inmanente, ligado al erotismo, a la reflexión y a una suerte de misticismo sensual, Jorge Gaitán Durán es el poeta del erotismo como acto político por excelencia. Por eso, en esta fecha en que recordamos la presentación de la mexicana que ayer presentó su libro mencionado de Cartas a una joven feminista, aprovechamos para rememorar su poética.

Como colofón, una última cita de su Diario: «Nuestro lenguaje no ha sido hecho para expresar la parte oscura del ser. Está hecho de silencios y su máxima osadía es el sigilo. […] Porque el poema viola el lenguaje, logra también violar nuestra intimidad. […] Volvamos al cruce donde la poesía se lanza a socorrer la reflexión encallada. Sospecho que ésta no conseguirá descifrar trecho ninguno en nuestra pavorosa intimidad sin convertirse en reflexión poética, cuya será la obra de ofrecernos la visión de nuestra continuidad por un instante recobrada y, sin embargo, perdida eternamente. Si logramos recrear ─con la violación del lenguaje y la crítica de ella, en permanente intercambio dialéctico─ la estela efímera, la vibración del goce en el cual dejamos de ser y nos vertimos en el otro, retorno de seres distintos al seno indistinto de la vida, habremos dado un paso en el conocimiento de nosotros mismos, habremos esquivado las vigilancias inmemoriales que prohíben la entrada al laberinto».

Sin embargo, es en su poesía en donde mejor encontramos la realización de sus intuiciones, no muy lejanas de postulados feministas, en nuestra opinión. Es, en esta ocasión, se trata también de un homenaje a sus poemas que siguen a la espera de una nueva edición.


De repente la música

La pura luz que pasa
por la calle desierta.
Nada humano
bajo el cielo abolido.
La blancura absoluta
de la ciudad confunde
la muerte y el sigilo.

De repente la música,
la sombra de los amantes en el agua.

Se juntan desnudos

Dos cuerpos que se juntan desnudos
Solos en la ciudad donde habitan los astros
Inventan sin reposo al deseo.
No se ven cuando se aman, bellos
O atroces arden como dos mundos
Que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Solo en la palabra, luna inútil, miramos
Cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,
Se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,
Estrellas enemigas, imperios que se afrentan.
Se acarician efímeros entre mil soles
Que se despedazan, se besan hasta el fondo,
Saltan como dos delfines blancos en el día,
Pasan como un solo incendio por la noche.

Quiero

Quiero vivir los nombres
Que el incendio del mundo ha dado
Al cuerpo que los mortales se disputan:
Roca, joya del ser, memoria, fasto.
Quiero tocar las palabras
Con que en vano intenté hurtarte
Al duelo de cada día,
Estela donde habitaban los dioses,
Hoy lisa, espacio para el gesto imposible
Que en el mármol fije el alma que nos falta.
No quiero morir sin antes
Haberte impuesto como una ciudad entre los hombres,
Quiero que seas ante la muerte
El único poema que se escriba en la tierra.

La tierra que era mía

Únicamente por reunirse con Sofía von Kühn,
amante de trece años, Novalis creyó en el otro mundo;
mas yo creo en soles, nieves, árboles,
en la mariposa blanca sobre una rosa roja,
en la hierba que ondula y en el día que muere,
porque solo aquí como un don fugaz puedo abrazarte,
al fin como un dios crearme en tus pupilas,
porque te pierdo, con la tierra que era mía.


Jorge Gaitán Durán (Colombia, 1925- Antillas Francesas,1962). Uno de los poetas e intelectuales más importantes del siglo XX colombiano. En París  tuvo una relación sentimental con la célebre escultora Feliza Bursztyn, exiliada la capital francesa. Además de poeta y ensayista se desempeñó como editor: fue uno del os socios fundadores de la Editorial Antares, así como de Mito, la revista literaria y de crítica de la cultura más importante de la Colombia de los años 50 del siglo pasado. En las páginas de la revista se cuentan colaboraciones tempranas de autores como Gabriel García Márquez, Vicente Aleixandre, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Luis Cernuda, entre otros. Viajero infatigable, entre 1952 y 1954 viajó por Rusia, China, Europa, y también siguió un periplo por Brasil, y, más delante, nuevamente por Europa, en 1956. Asimismo, fue uno de los voceros más acuciantes en contra del dictador colombiano Gustavo Rojas Pinilla. A su regreso de París, murió en el accidente del avión en que volaba a Colombia. Publicó los  libros de poesía Insistencia en la tristeza (1946), Presencia del hombre (1947), Asombro (1951), Amantes (1958), Si mañana despierto (1961) y el libreto para ópera Los hampones (1961). Asimismo, es autor de los ensayos La revolución invisible (1930), Diario (apuntes y notas que abarcan sus viajes entre 1950-1953 y 1959-1960) y El libertino (1954).