Conocí a Javier Pintor cuando fui a ver la obra de Bukowski a Chinaski

Conocí a Javier Pintor cuando fui a ver la obra de Bukowski a Chinaski representada en Tinta roja en Barcelona un local con ambiente de boudoir que me encanta.

El poeta, Bukowski, hace tiempo que llamó poderosamente mi atención cuando leí sus poemas y además las novelas Pulp, Hijo de Satanás y Factotum; así que cuando una amiga me lo propuso no me pude negar a ir con ella a disfrutar del espectáculo.

Javier es profesor de lengua y literatura castellana y comenta que su dedicación a la escritura llegó algo tarde. Le hubiera gustado haber empezado a escribir de forma regular y a compartir sus escritos antes; pero más vale tarde que nunca.

Su primer proyecto fue una fusión de fotografía y literatura, Fototextualidad, donde Javier creó textos para complementar la obra de un fotógrafo.

Actualmente, sigue escribiendo un libro de relatos, escribe poesía constantemente y sigue representando la obra de Bukowski a Chinaski –o al revés– con la que lleva ya un tour de representaciones muy sugestivo.

SONIA RICO: Javier, ¿de dónde salió el impulso de ponerte a crear estos textos en torno al poeta Bukowski?

JAVIER PINTOR: En mi caso no hablaría del impulso de crear en torno a Bukowski, sino de crear un texto teatral que incorporase un recital poético. Algunas personas que me habían escuchado recitar textos propios o de otros poetas me instaban a que hiciese un recitado poético, y esa insistencia me condujo a este texto. Pensé que con tantos poemas dignos de un recital mi poesía quedaba lejos de ese propósito. Pero no quería hacer solo un recital de un poeta, quería crear, y recrearme, sobre el poeta elegido. Ahí nace este texto… y el placer de jugar con estos formatos.

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S.R.: ¿Por qué justamente Bukowski?

J.P.: En mi juventud había leído los relatos y novelas de este escritor, pero no conocía su poesía. Llegué a ella más tarde, aunque en un principio no me interesó profundamente. Puedo decir que hará unos dos años que me enfrasqué de nuevo en su lectura y me atrapó su concepto sobre la poesía, esa aparente facilidad para trasmutar la realidad más cotidiana en poesía.
Me pareció oportuno, pues, que fuese este escritor el que apareciese en este proyecto, dar a conocer al poeta para que la gente no se quede solo con el realista «sucio» al que sí se conoce.

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S.R.: Da la sensación de que has pasado mucho tiempo estudiando su obra para conectarla de esta forma ¿Cuánto tiempo te llevó crear estos textos?

J.P.: No hablaría de estudiar, y sí de adentrarme en sus textos como lector interesado en su propuesta. Tras la relectura de toda la poesía que tenía a mi alcance, empecé a seleccionar poemas y fragmentos de poemas que pudiesen abarcar el universo Bukowski al que pretendía llegar. Inabarcable. Pero no había más remedio. Ese fue quizás el trabajo más costoso, quedarme con los poemas que hallarían voz en mi Bukowski (el personaje de mi obra) y seleccionar los fragmentos que tendrán cabida en los contrapuntos que iré lanzando el otro personaje, Chinaski. Esa labor y el engranaje de la obra, unos dos meses.

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S.R.: ¿Cuándo hacías los textos pensabas en representarlos también, o es algo que surgió más tarde?

J.P.: A mi compañero y amigo en esta obra lo engañé diciéndole que leeríamos los textos, que recitaríamos con el texto delante. Pero cuando finalicé la obra ya pensaba que estaba ante una representación teatral. Y Ángel pensó lo mismo cuando leyó todo el texto, pese a que me recrimina continuamente (en broma) que mis palabras fueron otras.

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S.R.: Tú haces de Bukowski en la obra y Angel Larrosa, tu alter ego, de Chinasky, ¿decidisteis hacerlo juntos desde el inicio?

J.P.: Cuando finalicé el texto ya sabía que la otra voz que aparecía en él llevaba el nombre de Ángel. Fue muy fácil convencerlo, por llamarlo de alguna manera, porque simplemente le dije que había creado una obra sobre Bukowski y que pensaba en él para acompañarme en la recitación, y rápidamente me dijo que sí, que confiaba en mí para apostar por la obra. Tras su lectura vino la primera crítica de mi obra y el «¿cuándo empezamos?».

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S.R.: Comentaste que es una obra en la que se van variando algunos poemas, ¿la vas ajustando según el contexto, tipo de público o momento?

J.P.: Hemos ido ajustando la obra a las reacciones del público. Representar esos poemas en directo interactuando en ocasiones con el público nos lo permite. Hay poemas que permanecen inalterables, y así ha de ser siempre en nuestra obra, pero otros permiten el crecimiento, el juego con algunos versos que llegan hasta el espectador. Y después nos permitimos alguna improvisación en momentos determinados. A veces, algún desliz ocasional ha propiciado cambios definitivos en la representación. Y me guardo algunos poemas en la recámara para sustituir en alguna representación a los que habitualmente recitamos, aunque el cuerpo principal siempre está presente.

Cambia más el modo de representarlos, el acomodo en el escenario, porque los lugares y el público son a veces muy diferentes.

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S.R.: ¿Qué os dice la gente después de la presentación?

J.P.: Decimos siempre que tenemos más éxito de crítica que de público. La gente valora positivamente nuestro espectáculo, aunque sabemos que a la gente le cuesta criticar negativamente una obra ante sus autores, pero los comentarios que nos llegan también por detrás y mediante terceros son muy positivos. Generalmente hablan de la fuerza del texto, de su vigencia y de la catarsis que se logra en alguna de las escenas de la obra. En Rubí una espectadora me comentó al final de la obra que estaba muy bien, pero que no le había gustado porque había llorado con alguno de los poemas, que los había sentido muy cercanos a sucesos personales. El mundo de Bukowski, sus retratos, es el nuestro.

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S.R.: ¿Qué aporta la poesía a tu vida que hace que no puedas prescindir de ella?

J.P.: La he incorporado a mi contemplación del mundo. Siempre digo que soy más realista que poeta, pero los sucesos, frases e historias que me circundan se me muestran tan inmediatas que intento condensarlas en un poema. Y en esa condensación e inmediatez concibo hoy en día la poesía, como una visión rápida de la esencia de los actos y emociones que me muestra la realidad.

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S.R.: ¿Qué te parece el resurgimiento que está teniendo este género gracias a las redes sociales?

J.P.: Me agrada la idea de que la gente se acerque a esta literatura breve, a un esteticismo sintético, pero me molesta la idea de que todo es poesía, me desagrada la idea de que un poema se realiza rápidamente y de que cualquier frase constituye por sí misma un poema. Pero si conseguimos que no sea moda de lectura o de escritura podremos contemplar la vida desde numerosos puntos de vista, y eso, sin duda, es un maravilloso punto de partida para entender la realidad y también para entendernos a nosotros mismos. Bienvenido ese resurgimiento.

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S.R.: Actualmente estás trabajando en una representación sobre Sylvia Plath. Cuéntanos un poco sobre este proyecto.

J.P.: Sí, ese es uno de los proyectos que están encima de mi mesa. Antes, en las entrevistas se preguntaba por las virtudes y defectos de los entrevistados, y ese, tener varios proyectos y trabajarlos a la vez, sería mi virtud y defecto en este campo. Estoy trabajando los textos de Sylvia Plath conjuntamente con los de su marido, Ted Hughes, aderezados con las voces de algunas de las poetas de la generación beat. Quiero trabajar esa trágica historia de deseo y poder para generalizar sobre las relaciones que se establecen entre las personas. Ese es el punto de partida. El final… quién lo sabe.

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S.R.: ¿Nos regalas un poema tuyo?

J.P.: Como no. Este es otro regalo que me ofrece el gran Hank, que gracias a él se me pida un poema de mi autoría. Algunas personas que me leen o escuchan dicen que les agradan mucho mis deconstrucciones, que son poemas que surgen de un verso o conjunto de versos de una poesía de otro autor. Evidentemente, Bukowski también ha sido objeto de mis deconstrucciones. Os dejo uno de ellos y así devuelvo el favor a mi gran amigo Hank.

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Vacío
(Javier Pintor)

Vacío.
Nada más.
Huesos recubiertos de carne.
El cerebro, hueco persistente.
Y la falsedad de un alma
que recubre el vacío.
Eso somos.
Vacío.
Nada más.
Una forma precisa
en un mundo impreciso.
Paradas involuntarias
en el recorrido de un círculo
que sabe a llanto.
Nos arrojamos a la calle
para salir del encierro,
entregamos la carne
a otras carnes
para penetrar en ellas
y lamer el hueso que nos sostiene,
morderlo y acariciarlo
para sentirnos vivos
en el vacío.
Porque no hay más.
Buscamos
y solo encontramos la carne vacua,
el desprendimiento de la materia
que nos sitúa
en el camino de los otros,
sin verlos,
sin sentirlos,
sin compartirlos.
Mujeres que gritan la soledad
de sus cuerpos.
Hombres que exprimen la soledad
de sus cuerpos.
Cuerpos que no se encuentran. Vacío.
Solo se llenan los vertederos.
Detrás, vacío.
Y se llenan los hospitales.
Detrás, vacío.
Y los cementerios se llenan.
Detrás, vacío.
El vacío no se llena,
se expande,
nos amenaza,
se hace carne.
Nada más.
Vacío.

J.P.: Gracias por la entrevista, Sonia.

S.R.: Un gusto, Javier.

[…] todo acaba en cinco minutos…
lo único que oigo es la lluvia
sobre las hojas de palmera,
y pienso:
no entenderé nunca a los hombres,
pero he
sobrevivido.[Fragmento de «hojas de palmera», pp. 305-306]

Los raros[fragmento, p. 296]

aunque no lo creas,
hay gente
que vive la vida sin
apenas
conflictos y
con muy poca angustia.
visten bien, comen
bien, duermen bien.
están satisfechos de su vida
familiar.
a veces
se apenan,
pero con todo
viven tranquilos
y a menudo se sienten
de fábula.[…]