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Poesía bajo sospecha

26th abril 2019-7:00 pm - 9:00 pm

Recital de poesía, a cargo de Jaime D. Parra, con la participación de Luna Miguel, Unai Velasco, Eduardo Moga y Sergio Gaspar

Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990). Editora, junto con Antonio J. Rodríguez, de Caballo de Troya, un sello de Penguin Random House destinado a descubrir nuevas voces en español. Ha publicado los libros de poesía Estar enfermo (2010), Poetry is not dead (2010), La tumba del marinero (2013), Los estómagos (2015) y El arrecife de las sirenas (2017, todos ellos en La Bella Varsovia). Además, es autora del cuento Exhumación (Alpha Decay, 2010); de los ensayos El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina (Capitán Swing, 2016) y El coloquio de las perras (Capitán Swing, en preparación); del libro infantil Hazme volar (La Galera, 2019), y de la novela El funeral de Lolita (Lumen, 2018).

Destruye, destruye, destruye
MARCEL SCHWOB

Quien destruye otorga.

Quien otorga tiene el poder
de recuperar
lo que no es suyo.

Quien nunca
jamás
calla.

Los orgasmos suenan a llanto de vaca.

Por eso procuro ajustar la entonación

hasta que mi voz recuerde
a un pitirrojo
quieto y herido.


Eduardo Moga (Barcelona, 1962). Dentro de sus poemarios publicados, pueden La luz oída (premio Adonáis, 1996), Las horas y los labios (2003), Cuerpo sin mí (2007), Bajo la piel, los días (2010), Insumisión (2013, premio de la revista Quimera al mejor poemario del año), El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014) (2014), Muerte y amapolas en Alexandra Avenue (2017) y Mi padre (2019). Traductor dee autores como  Ramon Llull, Charles Bukowski, Carl Sandburg, Arthur Rimbaud, William Faulkner y Walt Whitman, entre otros. Ha sido codirector de la colección de poesia de DVD Ediciones y director de la Editora Regional de Extremadura y coordinador del Plan de Fomento de la Lectura en Extremadura. Mantiene el blog Corónicas de España.

[El cuerpo es anterior a la posesión]

El cuerpo es anterior a la posesión, pero no existe sin ella. El cuerpo se insinúa con ferocidad de nube, cunde con la urgencia del granizo y nunca se disipa: persevera en su espesura de torrente, en su fuego cartilaginoso. El cuerpo sucede como si un rayo arañase la oscuridad que lo acoraza, como si un animal indecible derrotara a la opacidad, y desovara monstruosamente, y se me subiera al pecho, inflamándose, sepultándose.

Ese cuerpo, tu cuerpo, se desembaraza de veladuras y es: emerge del tacto con que lo envuelvo —de ese tacto mío que es su membrana—, de las imágenes con que lo invisto para aplacarlo y aplacarme, de la lluvia que deposito, con la punta de la lengua, en el recinto amurallado de su existencia. Se deshoja, con una lentitud que afluye a la lentitud de la tarde, de las adherencias del tiempo, de cuanto el tiempo le ha arrancado con sus espátulas voraces, y comparece, tormentoso, en la menudencia turquesa de un sujetador, o en la ínfima tormenta de un aroma, o en el recuerdo urente de algo que no ha ocurrido. El cuerpo se desprende de sus asideros y me exhorta a claudicar: renuncio, pues, a mis espuelas; abandono el páramo de lo conocido. Luego, da en isla. Se ha agostado la maleza en que se abrigaba lo inclemente. El ahora que abarca todos los minutos, el ahora irreversible, el ahora sin otro presente que lo ya sucedido y lo aún por suceder, fracasa sin ruido, pero con la inevitabilidad de una estrella que nace, y reaparece con fiereza de rosa, rehecho de felpa y explosión, como seda cárstica semejante a algo nunca muerto, a una pupila que todavía no conoce al ojo, a un estruendo quedo que cae como un cuerpo y se ofrece a la opresión de los muslos, a la extirpación de la oscuridad.

El cuerpo, ahora, después, tu cuerpo, me avienta y me enraíza, me excede como una ola sin orilla en que morir, me envisca como si no fuese un cuerpo, sino una lengua, me asimila como los pétalos asimilan el rocío, o como lo conciben. A tu cuerpo voy como si me perdiera, enzarzado en la refriega inmóvil de tus vértebras, en la ablación de lo que pesa, de lo que se sobrepone al desamparo y prodiga el ácido de la mansedumbre. Repudio la soledad cuando me agolpo en tu vientre y ocluyo sus oquedades con el mío. Lamo mucosas: contabilizo meteoros. Irrumpo en la sequedad de tus ríos. Abrazo apéndices: lloro, amo. En el cuenco de tus lomas, donde se embravece la sangre y naufraga en una tierra sin incertidumbre, me ratifico: me sueño. Estás aquí: soy. Acuno rodillas, bebo uñas, ablando dientes, imanto tendones: poseerte me desposee. Cuanto

más crece esta savia que acendra mi delirio, más me llago, más se espesa la sinrazón. Mis labios recalan en tu boca: se acuestan en tus encías y, en la pradera escarlata de la lengua, sobreviven a la injuria de los días, a la pesadumbre del latido. Persiguen algo sin mancha, algo que refute la hipocresía, un hálito o desnudez que desenmascare al anochecer, que desbarate los arrequives de la mentira.

El cuerpo es una isla, y yo la circunnavego: colonizo sus arroyos y sus vaguadas; opto por la hiel, si es tuya; me adentro en el légamo de tu tibieza; no me arredro ante la enramada de tus entrañas; oigo lo que desoyes y lo que escupes, como si te formaran estratos desacordes, como si no pudieses decir y tus llamas solo se sometieran a mi caricia.

Entro en ti, isla, aunque tú no estés. Y salgo a las riberas de tu cuerpo desparejado, entre tumultos de médanos y mordeduras; y me ahínco en tu olor y tus caderas; y me abandono a las trochas vírgenes de tu noche, donde ululan seres sin voz, donde me reconstruyo; y me inhumo en tus pechos; y me alío con tu saliva, que escuece como una ofensa —pero sabe a mundo: a ti—; y piso el aire, e imprimo en él mis huellas, que son las que has dejado tú en la tierra.

Tu cuerpo ha sobrevivido a todos los combates, y yo he sobrevivido a su menoscabo. Tu cuerpo no morirá. Tu cuerpo es perenne como la muerte.

[Poema III de Tú no morirás, inédito]


Unai Velasco (Barcelona, 1986) poeta, crítico cultural, editor y traductor. Ha publicado poemas y artículos en Quimera, Ex Libris, Paraíso, Quaderni Iberoamericani, Nayagua, Catálogos de Valverde, Punto de Partida, El Cultural y Qué Leer. Ha traducido del inglés al poeta neoyorquino David Fishkind (El Gaviero, 2013) y a diversos autores de cómic franco-belga. Ha publicado los libros de poesía En este lugar (Esto no es Berlín, 2012, premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández) y El silencio de las bestias (La Bella Varsovia, 2014) y ha sido incluido en diferentes antologías como Tenían 20 años y estaban locos (Luna Miguel, ed.). Es director fundador de la editorial de poesía Ultramarinos.

Que mi cuerpo es el reino

Venid
a comerme las manos
a morderme
la sarna de las uñas
dadme un hambre
una saña de padrastros    si tú
dentellaras músculos     si comieras mí esternón
pero la frente y la llanura
ven a comer
come de mi cuerpo en el llano que aun
que están aquí mis muñecas para la sangre
humildes mis manos
mano
puesta sobre la otra muérdeme
los cinco dedos venid    ven
y si el viento
el viento se lleva volúmenes sin dulzura
desplaza bultos capotas sacos    aves de intención se los llevaba

ven
a ensuciarte los dientes
a morder los órganos del riesgo
porque eso es la pureza
comerme el corazón
sí pero la frente y la llanura
y las vetas diciendo en los mármoles    y la llanura
siempre la llanura
el viento que abatía conventos
un viento de distinción y aun así
nos desperdigaba
se nos venía encima con cuero en los ojos
con hábil propósito de insectos en el pico

y sabía los guijos los defectos del páramo los varios lugares de la profundidad
y ahí
ahí se me hundía el gesto el amor    la tripa ven y cómeme las manos antes que mi cuerpo
que ese dolor de articularse
de ir siempre a la jineta
pero os digo
es el tiempo
de reunirse
si la pureza es un filón muérdeme los dientes
y tu frente y la joya en tu frente
con su estreno de luz
su nombre
en filigrana
la concedida frente los dones concedidos
besarte la frente
pero tu corazón y el dolor cervical
la cerval ligereza
toda la ligereza en reunión
los artefactos recogidos o el mechón triste de crin
y las cestas baratas del mimbre para la pelea de tobillos
eso
eso también hacía un peto para danzar cascabel en el claro
con qué codornices apenas acercarse
cómo nos estorba este humo en la visión     ven
a lamerme el temor en las piernas     aquel
tendón de collares y qué de aquel tendón de collares
ciegos broches cierran    muérdeme
este es mi cuerpo
bebe fronteras
rebaña líquidos
pero la frente y tú y la pureza y su nombre
bésalo
pero no lo sé se fragmenta


Sergio Gaspar nació en 1954 en Checa, provincia de Guadalajara. Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Ha publicado los libros de poesías Revisión de mi naturaleza (1988), Aben Razin (1991), El caballo en su muro (2004) y Estancia (2009). Asimismo, ha  publicado la novela de sátira política y cultural Viento de tramontana (Edhasa, 2014). Fundador y director de DVD Ediciones hasta su cierre en 2013, editorial que publicó más de doscientos títulos de narrativa, poesía y ensayo, entre los que figuran varios de los autores más singulares de la literatura española actual.

Estancia (IV)

No es que desee amar especialmente,
porque amor ni me sirve ni le sirve
normalmente a quien dices que lo amas.
Pero yo no seré yo. Yo soy tu hijo,

y esta inercia me conduce a postura
de decir. Tengo que amarte. Déjame
que te ame. Te levantarás. Los muertos
se incorporan nunca, cuando nadie

los mira. Tú, con tus ojos perfectos
que me vieron nacer, pronunciarás
-o dirás nada y sonará lo mismo-
esperé muchos años a que me pidieses.

Quiero bailar contigo. El momento es éste.
Cuando la orquesta se ha ido, cuando
no queda plaza ni noche. Entremos
en esta música que no está sucediendo.

Estancia (V)

Me lo repetiré nuevamente, aceptando
que no lograré aprenderlo. Nuestra tarea
–si tenemos alguna– no consiste
en completar con acierto el crucigrama

del día vacío, sentados en un bar
o viajando en un tren de cercanías
–aunque sea ésta también nuestra tarea,
quizá la principal, si lo pienso despacio–,

intentar no aburrirnos con las cosas. Nuestra
tarea es levantar un hogar que se derrumba
–lo llamaremos identidad– con fragmentos
de recuerdos no necesariamente vividos.

Nuestra tarea es recordar algunos rostros,
ciertas fechas de nacimientos y de muertes,
el camino para volver a casa, y el partido
al que votamos, y el nombre de nuestro perro.

No parece gran cosa –y no lo es, en efecto–,
hasta que llega la hora
en que alguien que te enseñó tu nombre lo olvida.

Detalles

Fecha:
26th abril 2019
Hora:
7:00 pm - 9:00 pm
Categoría del Evento:

Local

Librería animal sospechoso
Ventalló, 9
Barcelona, Barcelona 08025 España
+ Google Map
Web:
https://animalsospechosoeditor.com

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