BBien es conocida la particularidad de la poesía canaria en el contexto español y autores como Bartolomé Cairasco de Figueroa (1538 -1610), «el príncipe de los poetas canarios» como lo llama Andrés Sánchez Robayna en Poetas canarios de los siglos de oro, la polifacética Josefina de la Torre (vinculada a la llamada Generación del 27) o el grupo surrealista de los años treinta del siglo pasado (Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera, Domingo López Torres y Emeterio Gutiérrez Albelo) son un excelente ejemplo de ello (quien quiera profundizar en este último grupo, puede acercarse a las páginas de Domingo Pérez Minik en Facción española surrealista de Tenerife, publicado por Ediciones la palma).

En 2019 nació la idea del ciclo de poesía Canarios sospechosos y dentro de esa idea llegamos a confabular la programación de 2020 que tenía que contar con la participación del poeta José Carlos Cataño (La Laguna, 30 de agosto de 1954-Barcelona 9 de agosto de 2019) a quien lo propusimos el día de la presentación de su Obra poética (1975-2007) a cargo de Jesús Aguado. Sin embargo, la sorpresa de su fallecimiento, pocos meses después de haberlo invitado a participar, impidió su intervención y por eso queremos recordarlo y remitir al lector a la nota que publicamos en su memoria en septiembre de 2019: Ligero como el canto. Poemas de José Carlos Cataño.

En esta primera sesión, el sábado17 de enero de 2020 a las 13.00, los poetas invitados serán Daniel Bellón Serrano, Ernesto Suárez y Carlos Bruno Castañeda, de quienes hemos elegido tres poemas para compartirlos en «La jauría» de esta semana.

(Sigo al sol)
Daniel Bellón

Inútil para cantar el sosiego
grito la tensión.

Incapaz para decir el aire detenido
entre el vuelo del gorrión urbano
y la rama seca pero viva donde se va a posar.

Imposibilitado
para leer mensajes en las nubes,
en la quietud del estanque con su flores,

sólo respiro al mirar las estrellas
que sé que se mueven a velocidades imposibles
en el giro de la galaxia sobre sí
y con ellas la Tierra,
con ella yo.

Al saberme en movimiento,
boliche bailador,
cantan mis nervios,
me nace la risa,
sigo al sol.

***   ***   ***

[La lámpara, que quedaría oculta]
(Ernesto Suárez)

La lámpara, que quedaría oculta tras la puerta si esta se abre, ilumina el vestíbulo de la casa, aunque también su luz amarilla (tenue) aumenta la penumbra (y el desasosiego) desde y ante ciertos rincones oscurecidos, cegados a la mirada, si ésta no fuera tenaz, inquisitiva, si quisiera sólo posarse escasa (y tenue).

Además, quien traspusiera el umbral rompería (su cuerpo opaco) el haz de luz que los ojos imaginan: el brillo nunca es el del torso, el del perfil más humano.

Ese triángulo (lámpara, tenacidad y torso) se hace entonces inútil para cualquier localización precisa.

Así es el paso del mundo. También lo que nunca ha sido y la dispersión de la vida, y su continuo movimiento.

***   ***   ***

epigráfico
(Carlos Bruno Castañeda)

me preguntas cómo leer una piedra
              torna la piedra como un poema
tórnala en tus manos si puedes y busca el relato que sobre ella encuentras

me preguntas cómo leer esta roca
                         aún ahí enterrada tan grande tan pesada
apenas con tu mano tan minúscula sobre ella tan poema

me preguntas cómo leer estos poemas
pregúntales qué de piedra inaccesible tienen
                         qué de roca inabarcable

***   ***   ***