Hace poco tiempo contamos con la visita de la escritora peruana teresa Ruiz Rosas, pues un amigo común le habló de una librería de Barcelona, especializada en poesía, a la que no podía faltar en su viaje relámpago por la ciudad. No contaré lo prolífica y fértil que fue esta visita, en esta ocasión, pero sí un detalle que nos acercó mucho por el simple hecho, simple y a la vez mágico, que resulta la poesía que pasa por nuestras manos sin estar buscándola.
Teresa nos presentó, y también nos leyó a petición nuestra, los versos de su padre, el poeta peruano José Ruiz Rosas, un poeta de la llamada generación del 50, del que Huerga y Fierro Editores publicó, recientemente, el volumen Inventario permanente. Poesía esencial. (colección La Rama Dorada Poesía, 546 páginas, ISBN 978-84-948687-3-3).
A pesar de lo poco que lo conocemos, queremos compartir un poema que apeló a nuestra inteligencia al presentarnos la manera y la materia de cómo se compone un poema, y nos  llenó de alegría por ese no sé qué que tiene la poesía en sus momentos felices.

 

ASÍ ESCRIBO el poema. Doy un paso,
duermo, sonrío, lloro en mis adentros,
mastico la ancha hiel de los instintos
puestos a galopar, protones lúdicos
flotando sus latentes emociones;
miro la luz, que es el mirar más último
antes de penetrar en cada arcano;
oigo no sé qué cosas en los cantos
de las aves por un momento libres
y se me empuña el corazón sabiendo
su final de cautivas o de víctimas;
aspiro el aire altísimo que baja
a decorar de oxígeno mis huesos;
llego, me voy, distante en todo tiempo
de la meta final que no he fijado;
pulso la hora intacta que ha parido
el otoño de un ramo, atrapo el claro
destello de unos ojos fraternales,
miro los flujos que soporta el mundo
por pasos con sus callos melancólicos,
torno, vuelvo a mirar y abro los ojos
como un insomne búho en medio día
y fijo las pupilas como el gato
que pretendiera caza de aeroplanos,
subo la cuesta, bajo, y subo, y bajo
y conservo el imán del pavimento;
llego, con mi codicia a manos llenas
a regalarle el sol a todo el mundo
y la sombra, la luna y los luceros
como si todo yo fuera raíces,
hojas y savia para estar callado
como un laboratorio del abrazo;
así escribo el poema. Doy un paso.

 

Asimismo, queremos compartir con nuestros lectores, dos párrafos de lo que escribió Paul Forsyth Tessey, poeta, profesor y editor peruano nacido en Lima, en 1979 en ocasión de presentar el tomo mencionado de Huerga y Fierro: «[para] Ruiz Rosas […] no existe pequeño tema, ni nada que sea, de por sí, desdeñable o mínimo, sino que, más bien, para el poeta todo regresa, todo vuelve, como bumerán acampanado, a las palabras, que son vehículo y herramienta. Los hechos del mundo y de la vida están contenidos en las palabras, las cuales, en tanto representación y posibilidad de lo real, constituyen una suerte de eternidad o sustancia infinita o música sempiterna con la que habrá de trabajar; es decir, la materia que será labrada por el poeta, luego convertida en poema, que es una vasija hecha para contener poesía. En tanto palabra, todo es susceptible de encontrar un lugar en el poema, que es, en potencia, omnívoro y omniabarcante. Depende del poeta que el poema sea un umbral donde se sostenga la puerta del absoluto irreal: la imaginación: cuerpo eterno del hombre, como diría Blake.


»Desde el punto de vista de la forma, en relación con la doble dimensión de la palabra poética, encontramos en Ruiz Rosas maestría y dominio de la música y por igual de la imagen. Con respecto de la primera, la meticulosa labor con la métrica —que cruza su obra y no se restringe a ser sólo una «época» o una «veta exploratoria», lo que lo inserta en la tradición europea— es tal, que puede sentirse, incluso en los versos libres, cómo el sentido del ritmo, la armonía, el silencio y la cesura son la fuerza vital del discurso y mandan sobre los elementos que componen el verso. Y es la música, precisamente, el principio ordenador de las imágenes, que a su vez son su doblez. Por su lado, las imágenes son excepcionalmente variadas: las tiene surrealizantes [sic], simbólicas, plásticas, planas, curvas, impresionistas, tradicionales, herméticas, metafórica, alusivas. Esto es posible debido al profundo conocimiento que tiene Ruiz Rosas del funcionamiento del lenguaje, pero sobre todo de la lengua española. El vocabulario que emplea –y esta es la clave– es tan inmenso, y tan elástico, que permite una mayor cantidad de juegos silábicos, pero también lo dota, como poeta, de mayores recursos, y con ello de una mayor capacidad para la creación de imágenes, puesto que las palabras le permiten una combinación casi infinita».
Como colofón a la cita de Paul Forsyth, compartimos el poema que él mismo nos sugirió:

 

LO DIFÍCIL no es ver cómo se va pelando la corbata
sino decirle al mendigo «lo siento».
Caminar y sentir que se arrastran unos ojos
y te dicen «señor» y todo eso.

U olfatear los guisos debajo de la pestilencia
o mirarle los pies a una muchacha de la calle.

Lo difícil no es estar sin un centavo
sino tener la familia muda y sonriente
y que te digan «nada, si no necesito nada,
si estoy zurciendo todo nuevamente».

 

Por último, transcribimos otro de los poemas que nos llamaron la atención durante nuestra «primer lectura de reconocimiento» tras los que vendrán, seguramente, muchos otros:

 

Pequeño poema contra la muerte de José Ruiz Rosas

a TRR & KE & DL

La voz mensajera del gorrión llegó anunciando
que un humano cuerpo cedió sus días en el mundo
& de sus magras tramas, alas querían resplandecer:
Pero todos lloramos al borde de una cama
donde una Flor barbada había, como astro nimbado
de raíces: lengua hecha rayos, los párpados adentro,
los pétalos cristales, los sépalos ancianos,
& astringentes los reflujos que ansiosas nubes
lo coronan de agua fabulosa: & cual flama,
como ánfora insepulta, como címbalo de plumas,
como una tormenta de seda cobró la vida:
quien ha elogiado la danza bailará como talla
de palabras, ascendente en los milenios de la Tierra:
Ya pronto será soterrado diamante & luego lámpara
& lluvia de alas. Ya pronto será parte del tejido
& todos cuantos tornamos los pies
al sendero que va & viene de la nevada noche,
ante la enormidad del sonido, le diremos, como dijo
el Poeta: Qué bella está tu muerte, en toda su pulpa,
con todos sus días & su vertiente de estrellas,
volviendo a cantar sobre la cuenca de la vida que sólo
la vida existe & este amor de fábula & arroyo
& esta Tierra que te aguardan como fulgente copa
en tu nombre serán templo, médano & cebolla,
en todo la cumbre de tu abrazo.