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Inédito hasta el momento en castellano, el nombre de Ron Padgett comenzó a sonar con más fuerza entre nosotros a raíz de su colaboración en la película Paterson de Jim Jarmusch, donde aparecen varios poemas suyos. Se trata, sin embargo, de uno de los poetas más notables de la poesía estadounidense contemporánea, con una sólida y celebrada producción. Discípulo de Kenneth Koch, y heredero de Walt Whitman y William Carlos Williams, Padgett propone una poesía que se detiene en lo mínimo, en lo aparentemente banal –una caja de cerillas, un martillo, la ilustración que contiene un sello postal-, iluminándolo.

Atravesada por un marcado sentido del humor y un aire irónico que no está exento de ternura, su obra rehúye a consciencia de todo matiz pretencioso, de las florituras y los grandes temas, haciendo, en cambio, una suerte de celebración de la experiencia cotidiana y la cultura popular. El sencillismo de muchos poemas alterna, sin embargo, con el carácter más imaginativo de algunas piezas donde el poeta apuesta por composiciones más arriesgadas. De los diferentes registros que aborda Ron Padgett, y de la potencia de su poesía, da cuenta esta antología bilingüe que recorre su producción poética desde sus inicios hasta el presente –incluyendo poemas de la película Paterson-, y está prologada por Edgardo Dobry, y seleccionada y traducida cuidadosamente por Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo.

 

 

Poema de amor

Tenemos muchísimas cerillas en casa.
Siempre las tenemos a mano.
En este momento nuestra marca favorita es Ohio Blue Tip,
aunque antes preferíamos las Diamond.
Eso fue antes de descubrir las cerillas Ohio Blue Tip.
Tienen paquetes perfectos,
cajas duras en azul claro y oscuro y etiquetas blancas
con palabras grabadas con forma de megáfono,
como para decirle más alto al mundo
«Aquí está la cerilla más hermosa del mundo,
sus cuatro centímetros de pino suave coronados
por una cabeza rojo oscuro, tan sobria y furiosa
y decidida siempre a estallar,
y encender, quizás, el cigarro de la mujer que amas,
por primera vez —y ya nada nunca
vuelve a ser igual. Todo eso te daremos».
Eso es lo que me diste, yo
soy el cigarro y tú la cerilla o yo
la cerilla y tú el cigarro, quemándonos
con besos que arden hacia el cielo.

Amy

Es curioso que
no importa cómo comiences
un poema, el poema puede llevar
a otra cosa.
Me fui de casa
para convertirme en
el poeta que pensé
que me gustaría ser, ese
cuya obra mostraría
el modo que había encontrado
para vivir en paz con
su mortalidad. Hasta
ahora sólo he encontrado el modo
de subir las escaleras
y golpear contra el muro
del silencio, ese que pasa
de una habitación a otra,
y ríe. Es divertido
estar allí de pie
desconcertado por un guiño
y luego volver abajo
y ¡pam! recordar
lo que había ido a buscar
y subir otra vez
a buscarlo. Y ahí
está: este poema para ti.

El verso

Mi abuelo
cantaba una canción
que preguntaba
«¿O preferirías ser un pez?»
En la misma canción
aparece la misma pregunta
pero con una mula y un cerdo,
pero la que yo escucho a veces
en mi cabeza es la del pez.
Sólo ese verso.
¿Preferirías ser un pez?
Como si el resto de la canción
no hiciera falta.