Extramuros. Escritos sobre poesía, de José Luis Gómez Toré (Libros de la Resistencia, 2018)

Extramuros. Escritos sobre poesía, de José Luis Gómez Toré (Libros de la Resistencia, 2018)

Supone una enorme responsabilidad y un riesgo intelectual –el de salir transformado indefectiblemente después de su lectura– adentrarse en este ensayo de Libros de la Resistencia de factura editorial exquisita. Es un libro que desborda por el conocimiento extraordinario que destila, por su rigor, por su profundidad analítica, la inteligencia nada complaciente que despliega y su belleza retórica. Es infrecuente encontrar una cartografía de la poesía en español –y digo en español porque uno de los méritos más valiosos del libro es que prescinde de categorías estancas y borra esos límites y taxonomías académicas y comerciales entre poesía española e hispanoamericana y no solo traza puentes sino que directamente está inmerso en la «pangea» que propone el poeta y ensayista Vicente Luis Mora– que al mismo tiempo suponga una cartografía del pensamiento político (y biopolítico), social, histórico sin dejar de ser también un mapa propio, íntimo, personal de una manera tan nítida, tan rotunda, tan clara.

El libro, absolutamente coherente, unitario, sólido y polifónico, con resonancias y diálogos permanentes entre todos los trabajos que lo componen puede casi contemplarse como un tapiz en que está representado el mundo tal y como lo concibe su autor y en que todos los saberes, todos los conocimientos están, claro, conectados por una misma sensibilidad, integrados por una mirada humanista: filosofía, historia, poesía, política, educación. En esta mirada, en que se traza la propia poética, se apunta siempre, además, una forma de resistencia ética, estética frente a ese mundo que duele y puede sumirnos en el desencanto o la melancolía del duelo irresuelto, resistencia que solo puede ser poética –Resistencia del aire se llama el libro de Fernando Aínsa recientemente publicado en Renacimiento–, una militancia y una apuesta por el denostado humanismo desde la herida, desde el corte y desde un estado de alerta, de vigilancia sobre el lenguaje, sobre el mundo –que se aleje de confesionalismos facilistas y superficiales, de panfletos y otros peligros–.

En este mundo líquido y espectacularizado (Bauman, Rancière y Vattimo son revisitados en sus páginas, como también Debord) todavía se puede «perder el tiempo» leyendo y escribiendo poesía, pensando y se puede apostar por una poética radical y radicalmente rigurosa que no deje de lado la ética. Es un libro pleno de erudición que hace ligera (como Calvino quería en sus Seis propuestas para el próximo milenio) un estilo luminoso, iluminador. Como crítico, Gómez Toré sugiere tan solo direcciones posibles, móviles, polivalentes sin tapiar, sin clausurar, sin descifrar. Existe solo la posibilidad de construcción de un sentido.

Como la poesía, como la filosofía, plantea interrogantes, hace preguntas acuciantes, a veces incómodas, siempre muy pertinentes. Se trata, pues, de una selección miscelánea de artículos, reseñas y trabajos escritos en los últimos diez años realmente imprescindible y que constituye, como adelantaba, un volumen unitario en el que cada trabajo crítico tiene autonomía aunque dialogue con los demás y en que se presta atención, como el autor anuncia en el prólogo, a voces no necesariamente canónicas, a otras lenguas y otros dominios culturales (Holderlin, Celan, Bachmann, Celan).

La poesía (de Valente, Gamoneda, García Valdés, Perlongher, Maquieira, Paletta, Doce, Ramón, Piera, Casado) –iluminada asimismo con minuciosidad de filólogo– y lo sagrado, la intimidad, la violencia o la carnalidad del verso son revisitadas como nociones teóricas que articulan el ensayo. Gómez Toré cultiva la poesía y la crítica literaria, afirma, porque «nos asoman a la alteridad y nos hacen cultivar nuestra propia perplejidad». No se me ocurre una manera más hermosa de definir el oficio poético y el de crítico.

 

[Fragmento de «La contrata de mozos»]
(Claudio Rodríguez)

[…] ¡Nuestra feria está aquí! Si hoy no, mañana;
si no mañana, un día. Lo que importa
es que vendrán, vendrán de todas partes,
de mil pueblos del mundo, de remotas
patrias vendrán los grandes compradores,
los del limpio almacén. ¡Nadie recoja
su corazón aún! Ya sé que es tarde
pero vendrán, vendrán. ¡Tened la boca
lista para el pregón, tened la vida
presta para el primero que la coja!
Ya sé que hoy es igual que el primer día
y así han pasado una mañana y otra
pero nuestra uva no se ablanda, siempre,
siempre está en su sazón, nunca está pocha.
Tened calma, los oigo. Ahí, ahí vienen.
Y así seguimos mientras cae la tarde,
mientras sobre la plaza caen las sombras.

 

«El ángel»
[De Material memoria, José Ángel Valente]

Al amanecer,
cuando la dureza del día es aún extraña,
vuelvo a encontrarte en la precisa línea
desde la que la noche retrocede.

Reconozco tu oscura transparencia,
tu rostro no visible,
el ala o filo con el que he luchado.

Estás o vuelves o reapareces
en el extremo límite, señor
de lo indistinto.
No separes
la sombra de la luz que ella ha engendrado.

 

Libertad en la cama
[De Blues astellano, Antonio Gamoneda]

Todos los días salgo de la cama
y digo adiós a mi compañera.
Vena: cuando me pongo
los pantalones,
me quito
la libertad.
Cuando llega la noche, otra vez
vuelvo a la cama y duermo.
A veces sueño que me llevan con las manos atadas,
pero entonces me despierto y siento la oscuridad,
y, con el mismo valor, el cuerpo de mi mujer y el mío.